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Por: Edika Quispe Torreblanca

El
incremento de las materias primas ha sido persistente los ultimos meses. El
precio de los metales, especialmente del oro, se encuentra en ascenso, situación
que favorece nuestra balanza comercial. Sin embargo, los precios de varios
productos agrícolas también están elevándose. El crecimiento del sector de los
biocombustibles ha generado un incremento en el cultivo del maíz y caña de
azúcar para la fabricación de bioetanol, por lo que los agricultores están
sembrando una menor cantidad de soya y trigo. Asimismo, el repunte de la
cotización del petróleo incentiva, aun más, el desarrollo del sector de
biocombustibles.
Lo
anterior se manifiesta en un encarecimiento del precio de los productos
agrícolas de primera necesidad (trigo, maíz, soya), que ha puesto en aprietos a
las economías de varios países. El Fondo Monetario Internacional (FMI) en sus
Perspectivas de la Economía Mundial de octubre de 2007, estima que a nivel
mundial la contribución de los precios de los alimentos sobre la inflación se ha
elevado de 27 % en el periodo 2000-2006 a 36 % en el periodo enero-abril de
2007. El Perú no ha sido ajeno a estos problemas y se vio afectado a través de
la inflación importada, que aumentó de 0,3 % en 2006 a 10,5 % en 2007. Parte de
esta inflación se exteriorizó en el alza del precio del pan y de la harina, que
subió el año pasado en 19.2% y 48% respectivamente (en el mismo periodo se dio
el incremento en la cotización del trigo en 89%).

El impacto directo de los alimentos
sobre la inflación depende de la proporcion que estos ocupan en la canasta
basica y de las diversas medidas tomadas para atenuar el alza de los precios. Al
respecto, cada país a empleado variadas politicas: China ha decretado un control
de precios de artículos de primera necesidad y de alimentos, Rusia quintuplicó
el impuesto a las exportaciones de cereales, México tuvo que firmar un acuerdo
con productores de maíz para detener el alza del precio de las tortillas,
Argentina suspendió temporalmente las exportaciones de trigo para abastecer su
consumo interno[1], Ecuador paga un subsidio a los industriales por la compra de
harina de trigo[2]. Estas son solo algunas de las medidas tomadas ante la
necesidad de evitar las mayores presiones inflacionarias, resultantes del
encarecimiento de los alimentos
Comentando las políticas económicas
internacionales.
Las medidas
empleadas por los países para frenar los efectos negativos de la inflación
importada han mostrado un rasgo común, todas alteran de forma artificial los
precios. Para comprender con claridad cuales son los efectos de tales politicas
sobre los agentes economicos, las analizaremos a continuacion:
Controles de precios de
alimentos. La imposición
de un precio inferior al que establece el mercado genera un incremento del costo
para los productores, si este mayor costo merma toda rentabilidad en la
elaboración de dicho bien (Ej. Pan) la oferta se reduce y con ella el consumo
del bien. La intervención del gobierno para proveer de alimentos más baratos
tiene un efecto contrario al deseado.
Subsidios. Esta suele
ser la medida más popular pero surge aquí la pregunta ¿de donde saca dinero el
gobierno para los subsidios de los alimentos? El gobierno no genera por si solo
dinero, los recursos que este posee provienen de las contribuciones e impuestos
recaudados de los ciudadanos. Entonces, resulta irónico que el gobierno use
dinero de los ciudadanos para dárselos a los productores de alimentos y así
estos cobren un precio más bajo a los mismos consumidores. Hacer esto no tiene
mucho sentido
Restricciones a la
exportación. Esta política
no es factible de emplear por el Perú, dado que este no produce, en suficiente
cuantía, los productos agrícolas que importa. Sin embargo, la política en si
misma resulta desacertada. Países como Argentina exportan productos que consumen
(carne, trigo, etc.); los gobiernos, ante el alza de los precios de estos
productos establecen retenciones y prohíben las exportaciones, para de esta
forma reducir el precio de estos bienes en el mercado interno. Esta limitación
del comercio perjudica a los productores agrarios, quienes no pueden gozar de
sus ventajas comparativas y se ven limitados al mercado interno. Además, la
distorsión de los precios (principal herramienta que cuentan los consumidores y
productores para tomar sus decisiones) lleva a la toma de decisiones incorrectas
de consumo y producción.
Antes de
concluir, quiero poner énfasis en la importancia que tiene la información que
brindan los precios en una economía. La manipulación de estos conduce a la toma
de malas decisiones por parte de productores y consumidores, y con ello al uso
ineficiente de recursos. En tal sentido, toda política que distorsione la
natural formación de los precios en el mercado como controles de precios,
subsidios, impuestos o restricciones a las exportaciones no acarrea un real
beneficio para los consumidores.
Cabe señalar
que el incremento en los precios de los productos agrarios (trigo, maíz, soya,
etc.) representa una gran oportunidad para el sector agrícola, en consecuencia
existen mayores incentivos para sembrar más y apropiarse de los altos
rendimientos que otorga el mercado. La mayor demanda de estos productos trae
consigo la solución al problema, los altos precios estimulan una mayor
producción (mayor oferta) y con ello el ajuste (reduccion) de los precios en el
largo plazo garantizando una óptima asignación de recursos. Si en un primer
momento los consumidores de alimentos nos vemos perjudicados por el alza de
bienes de primera necesidad como el pan, fideos, leche, maíz (alimento de los
pollos), etc. simplemente dejemos actuar a la mano invisible, si nuestra
utilidad se ve reducida nos desplazaremos hacia los sustitutos más cercanos y si
no continuaremos con nuestro consumo habitual. Lo mismo pasa con los productores
que requieren de insumos como el trigo, maíz o soya, estos no incurrirán en
perdidas para producir los bienes que consumimos, sencillamente harán uso de su
enorme creatividad y encontraran salidas para hacer frente al problema. Un
ejemplo de ello es la llegada del “papapan”[3], un pan elaborado con 70% de
trigo y 30% de papa, para reducir los costos de producción, ante el alza del
precio del trigo, sin bajar la calidad ni el sabor del pan.